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1 de julio de 2013

'Veep', el ego de la malhablada vicepresidenta

En nuestro país ha pasado sin pena ni gloria, y lo cierto es que ni yo mismo le encontré mucha chicha cuando comenzó. La combinación de Julia Louis-Dreyfus (‘Seinfeld’, ‘The New Adventures of Old Christine’) y HBO en ‘Veep‘ se impuso como la mezcla perfecta para conseguir un éxito de audiencia y calidad. Pero la falta de intensidad en sus primeros episodios y el complicado humor de las cadenas de cable hicieron que no pocos dejaran de verla.

Pero, efectivamente, como suele ocurrir en la mayoría de casos, la historia fue cogiendo un rumbo más definido y asentando su estilo y sus personajes, de tal manera que al llegar al octavo y último capítulo de la primera temporada nos encontrábamos ante una de las comedias imprescindibles del año. No en vano le cayó directamente el Emmy a Julia en su primer año en ‘Veep‘, empujada un poco por las rentas de su nombre y sus anteriores series.

En su segunda temporada, con dos episodios más a sus espaldas, ‘Veep’ ha mantenido y superado con creces el regusto dulce y satírico que dejó el año pasado por estas fechas. La ‘The Office’ de “alto standing” y lenguaje soez ha abandonado por completo las situaciones incómodas y la vergüenza ajena en pos de unos personajes con lengua viperina capaces de inventarse los insultos más ornamentados y, a su vez, más lapidarios que se han oído en televisión. En “Television without pity“ han hecho incluso un ranking de insultos por personaje. Dignos de leer.

¿Queréis que vaya a una barbacoa porcina sólo para conocer a un montón de tíos que probablemente se han turnado para follarse al cerdo antes de asarlo?

Los secundarios no han fallado, ninguno. El dúo que más me ha gustado siempre es el de Dan y Amy, tan apuestos y bien avenidos los dos, pero con bocas que echan serpientes en cuanto tienen la más mínima ocasión. Hay que ver cómo ha crecido Vada desde ‘Mi chica’. Gary ha seguido en sus trece, un Tony Hale que parece no saber hacer otro tipo de papel que no sea el de perrito faldero perdedor (su cara y su voz así lo piden a gritos), aunque está mucho más espléndido aquí que en ‘Arrested Development’.

El resto compone esa mezcolanza que entra y sale de plano de vez en cuando sólo para soltar un par de frases exageradamente perturbadoras y, posteriormente, desaparecer como si aquí no hubiera pasado nada. Mención especial para Jonah (Timothy Simons), al que es tremendamente fácil y divertido insultar. Entre todos forman ‘Veep’, una serie capaz de labrarse un humor de alto nivel con cinco personajes y dos escenarios, riéndose de la alta política mundial y rebajándola al nivel de estudiantes de secundaria. No sé si Julia Louis-Dreyfus repetirá galardón en los Emmy (su papel es muy a lo Toni Collette en ‘United States of Tara’, que sorprende el primer año y se hunde el segundo), pero la nominación la tiene asegurada. Y ojalá que el año que viene, cuando vuelva, lo haga de nuevo tras ‘Juego de Tronos’ para así arrastrar su audiencia. ‘Bored to Death’ ya sufrió en sus carnes este regalo envenenado, y fue cancelada tras su tercera temporada por la caída de audiencia.

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